Descubrir que uno de nuestros artistas preferidos está muy lejos de ser un ciudadano modelo nos pone en un compromiso.
Un accidente en medio de la nada acabó con la carrera de una de las mejores bandas del país.
La música de la primera década del siglo XX merece más reconocimiento del que tiene
Como buen millennial amante de la música, me he tragado no pocos debates sobre el romanticismo de lo analógico y la practicidad de lo digital. Yo siempre tuve clara mi postura, al menos en lo que a consumo se refiere: desde el principio adoré al CD como medio definitivo y nunca sentí un impulso fetichista por el vinilo. Para mí, aquellos trastos eran demasiado delicados, extremadamente aparatosos, y ni siquiera sonaban todo lo bien que yo exigía. El Compact Disc era el formato duradero, todoterreno y de alta fidelidad en el que confiaba con fe ciega y aquellos discos de mi adolescencia estaban destinados a acompañarme para siempre en sus pequeñas cajas de plástico transparente. O eso pensaba.