Tan solo necesitas 320kbps
Como buen millennial amante de la música, me he tragado no pocos debates sobre el romanticismo de lo analógico y la practicidad de lo digital. Yo siempre tuve clara mi postura, al menos en lo que a consumo se refiere: desde el principio adoré al CD como medio definitivo y nunca sentí un impulso fetichista por el vinilo. Para mí, aquellos trastos eran demasiado delicados, extremadamente aparatosos, y ni siquiera sonaban todo lo bien que yo exigía. El Compact Disc era el formato duradero, todoterreno y de alta fidelidad en el que confiaba con fe ciega y aquellos discos de mi adolescencia estaban destinados a acompañarme para siempre en sus pequeñas cajas de plástico transparente. O eso pensaba.